Juan Ignacio Gutiérrez

Mi padre era de Melilla. Solo he estado allí una vez y me pareció una ciudad preciosa cuya visita recomiendo. En Ceuta no he estado nunca.

Estas dos ciudades autónomas están alcanzando una relevancia -ajena a sus encantos o su interés turístico- a raíz de unos interesados cálculos electorales. En mi opinión habría dos motivos fundamentales (uno más objetivo que el otro): por un lado estaría el miedo que para algunos partidos ha supuesto la impactante e inesperada irrupción de Vox en las pasadas elecciones andaluzas; por otro -innegablemente objetivo- está el hecho de que en cada una de las dos circunscripciones, se elige un único diputado para el congreso.

Sería lo más parecido que tenemos en España a ese distrito electoral anglosajón que tanto decimos envidiar cuando pierde nuestra candidatura preferida: «the winner takes it all».

Me gané uno de mis primeros «¡Facha!» en un acalorado debate acerca de esa supuesta mayor «equidad» del sistema anglosajón por el que se elige el representante más votado en cada demarcación electoral. Según el falaz argumento, sería mucho más justo que el candidato del partido que recibe un voto menos que el ganador no obtenga representación en la «equitativa» demarcación británica, mientras que en España, el pretendidamente injusto sistema de adjudicación de escaños en base a la proporcionalidad del modelo D’Hondt, perjudicaría a los partidos que reciben menos votos.

En Ceuta y en Melilla solo obtiene representación quien gana. Sean cuantos sean los partidos que concurren a las elecciones, solo obtiene su escaño quien encabece la lista de la candidatura que obtenga más votos. El resto, no consigue nada. Como dicen los partidarios de la teoría de la mala representatividad de nuestro sistema electoral: los votos del resto de candidaturas «se pierden».

En sus prolegómenos, uno de los ejes de esta campaña electoral está siendo cómo va a influir la irrupción de Vox en esas circunscripciones «pequeñas», las que eligen un menor número de diputados. La hipótesis es que votar a Vox supondría tirar el voto o, aún peor: supondría dar diputados al PSOE en estas circunscripciones pequeñas. Es decir: si alguien que hubiera votado al PP o a Ciudadanos decidiera votar ahora a Vox, no solo estaría «tirando» su voto, sino que, además, estaría beneficiando electoralmente al bloque PSOE-Podemos-separatistas.

Aunque, como supongo que la mayoría de vosotros, tengo una preferencia de voto alineada con mis ideas y mis principios, y suelo votar al mismo partido -que es lo que hacemos todos, digan lo que digan- soy uno de esos pesados racionalistas que se toman la molestia de realizar algún tipo de análisis a la hora de tomar la decisión de votar. Durante algunos años me toco trabajar los días de elecciones. Casi siempre pude planificarlo y voté por correo. Mi primera vez fue con 19 años, en la primera ocasión en que fui convocado a las urnas; el caso es que, salvo alguna situación de fuerza mayor, siempre he votado. Y no, no lo he hecho siempre al mismo partido. Y sí, sí he votado alguna vez a algún candidato que no me seducía, pensando que ese podría ser el mal menor. Confieso que alguna vez ha votado «con la nariz tapada» y es posible que vuelva a hacerlo si entiendo que se dan las circunstancias.

Por mucho que queramos demonizar esa práctica, no solo es normal sino que sería la más razonable. De algún modo -por relativizar-, los partidos políticos son productos que se nos ofrecen durante la campaña electoral y elegimos uno. También podemos no realizar la compra, claro. Imaginemos que necesitamos lavar la ropa y vamos al supermercado para comprar detergente. El de la marca que solemos comprar ha cambiado el formato, ha subido el precio o no está ya a la venta. ¿Qué hacemos, nos vamos sin detergente o compramos el que mejor se ajuste a nuestra necesidad o a nuestra preferencia? Pues supongo que dependerá de lo importante que sea para nosotros hacer la colada.

En mi ya dilatada experiencia vital, he aprendido que casi nadie que te recrimina que no cambies tu voto está dispuesto a cambiar el suyo; que, normalmente, cuando alguien te pide que te pienses bien a quién vas a votar, está tratando de que votes a su candidato preferido (porque sabe o supone que no es el mismo que el tuyo), y que la mayoría de la gente que no quiere hablar contigo de política es porque piensa que no comparte tus preferencias.

Lo de «votar con la nariz tapada» es una expresión que hizo fortuna en los años en los que parecía difícil que el PP perdiera las elecciones, y tiene bastante que ver con el concepto de posverdad. En este caso, más que a emociones, a sentimientos, se apelaba a la sensación directa: se introducía el componente sensitivo, olfativo. El PP no solo era una mala elección, sino que, además, sus papeletas olían mal.

Mi impresión es que esto de votar con la nariz tapada solo se aplicó al PP. No recuerdo ningún artículo, tertulia o comentario en el que alguien confesara o a quien se acusara de votar al PSOE de los ERE con la nariz tapada o a la CiU del 3% con la nariz tapada.

Así que volvamos a la racionalidad. ¿Qué pasaría con los diputados de Ceuta y Melilla si se confirmara el auge de Vox?

Me he tomado la molestia de hacer una simulación. Os ofreceré unos datos interpretados a mi manera para que juguéis vosotros también con ellos, si os apetece, y saquéis vuestras propias conclusiones, diseñéis vuestros propios escenarios. Mi mensaje, después de tantos años, de tantas cábalas, de tantas reflexiones, es que cada cual debe votar a los candidatos que le gusten, que le generen confianza, que se le parezcan más.

No es mi intención hacer un calculo interesado -si es que eso es posible-, sino desmontar un argumento que me parece falaz. A saber: Votar a Vox en Ceuta o en Melilla no da al PSOE el diputado que se juega en estas dos circunscripciones. Para ser más exacto: si el PSOE obtuviera esos diputados, sería por sus propios méritos, porque habría conseguido que los votantes de esas ciudades eligieran a sus candidatos, no porque los que antes votaban al PP decidieran hacerlo ahora a Vox.

Comenzaré por Ceuta por la neutral dictadura del alfabeto. El diputado de Ceuta ha sido tradicionalmente el candidato de la derecha. En las elecciones generales de 1977 y 1979,  fue para UCD.

En las de 1982 (las primeras de Felipe González) fue el PSOE quien obtuvo la representación, pero no sería apropiado achacarlo a los votos que AP le arrebató a la UCD, sino a la voladura controlada de la coalición que realizó, con éxito, la transición desde la dictadura franquesta al régimen democrático que hoy disfrutamos. No parece que el PP de hoy, sin negar su crisis, este viviendo un proceso parecido al que vivió la UCD entre el 81 y el 82.

En las de 1986 el PSOE mantiene el liderato ante una coalición formada por AP y algunos grupos liberales -Coalición Popular-, que sería el germen del PP.

En la primera confrontación con el PP, el PSOE mantiene el representante, pero las candidaturas de izquierdas (PSOE, LV y PST) no llegan al 42% de los votos.

En las generales de 1993, el PP consigue su primer diputado ceutí con más del 51% de los apoyos; en las de 1996 con casi el 54%; en las de 2000 con poco más del 48%, pero el segundo partido con más apoyos es el GIL, que obtiene casi el 30% de los sufragios y el PSOE apenas consigue pasar del 18%. En 2004 el PP obtiene más del 60% de los votos; en 2008 se mantiene por encima del 55%; en 2011 obtiene un apabullante 66,98% de los votos, mientras el PSOE no consigue llegar al 21%.

En 2015 aparecen ya Podemos y Ciudadanos. El PP obtiene la representación de la ciudad autónoma con algo más del 45% de los apoyos, pero el PSOE no llega al 23,5%. Podemos y Ciudadanos obtienen, respectivamente, el 14,25% y el 13,47%. Pero, ni Ciudadanos «le ha arrebatado» el escaño al PP ni Podemos ha impedido que el PSOE lo consiga (los porcentajes de PSOE y Podemos sumados no alcanzan para desbancar al PP).

Más reveladoras resultan, en mi opinión, las elecciones generales de 2016. El PP vuelve a subir hasta el 52,39%, el PSOE se queda en el 22,85% y Ciudadanos (11,63) sobrepasa a Podemos (10.96%). Ni siquiera una coalición PSOE-Ciudadanos-Podemos habría arrebatado el escaño al PP.

Pero, ¿cómo alterará el mapa político de Ceuta la irrupción de Vox? A día de hoy, solo podemos hacer conjeturas. El único sondeo cierto es el recuento de las papeletas, y no es un sondeo, sino un dato. Todos los demás, incluidos los que se realizan a pie de urna durante la jornada electoral (y que podrían ser los más fiables) buscan generar un estado de opinión, influir en el resultado.

Resultados elecciones generales 2016 (http://www.argos.gva.es).
Resultados publicados la noche electoral. Ceuta. Generales 2016 (www.elpais.com).

El resultado del PP ceutí en las elecciones generales de 2016, sin ser su mejor resultado histórico, es tan apabullante que ganaría el escaño al resto de partidos juntos, que solo sumarían 14.530 votos, lejos de los 15.991 con los que el PP obtuvo su escaño.

Deberíamos, por tanto, considerar al PP ceutí una organización sólida que ha conseguido un respaldo mayoritario del que no habría razones para dudar.

Pero vamos a jugar un poco con los datos y supongamos que Vox «le quita» al PP la mitad de «sus» votos (situación que ni el CIS se ha atrevido a postular).

Generales Ceuta 2019. Simulación: la mitas de los votos del PP van a Vox.

En este estrambótico supuesto, la mitad de los votos del PP, sumados al puñado de votos que consiguieron en 2016, darían el escaño a Vox. El PSOE tendría que sumar por encima de 1.000 votos más que en 2016 para obtenerlo, lo que supondría un crecimiento en torno al 15%.

La subida del PSOE es previsible por el «efecto presidente», pero no parece razonable que 1 de cada 2 votantes del PP le retiren su apoyo. El PP tiene, digamos, mucho margen de caída y los votos que perdiera, además, tendrían que repartirse entre el resto de candidaturas de la derecha y acompañarse con una fuerte subida del PSOE. Además, estamos suponiendo que Vox solo podría crecer a costa del PP y no está claro que eso sea así.

Mi conclusión es, por tanto que, aunque es posible, tienen que darse un cúmulo importante de circunstancias para que el PSOE obtuviera el puesto que el congreso reserva para representar a los ceutíes. De ocurrir, la irrupción de Vox sería un factor, no la causa.

El voto más útil es el que emiten los ciudadanos libre y reflexivamente según sus intereses y preferencias personales: que cada cual vote a quien prefiera y los contamos al final.

Esta, como siempre, es mi opinión, Os dejo otras en los enlaces.


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