Juan Ignacio Gutiérrez

Escribo esto mientras discutimos si hay que implantar la cadena perpetua, no derogar la prisión permanente revisable o, incluso, reimplantar la pena de muerte. La Guardia Civil acaba de detener a una persona como sospechosa de un crimen horrible. Supongo que, si se encuentran pruebas que el tribunal al que corresponda el caso acepte, habrá un juicio. Si se demuestra que son culpables, serán condenados. ¿Pero qué ocurre si no es así?

En mi opinión, y es un asunto al que he dado muchas vueltas, es aquí donde debemos comenzar a aplicar el derecho a la presunción de inocencia.

La presunción de inocencia solo tiene sentido si yo no acepto la acusación que se me hace.

Si se me acusa de algo y yo asumo que la acusación es cierta, ya está: asunto cerrado. No sé si serían necesarias más pruebas, pero dudo que fuera necesario. Sin que eso conculque mi derecho a defenderme, al que habría renunciado por decisión propia.

¿Pero y si digo que no? ¿Y si digo que eso es mentira? Tal como yo lo entiendo, ese derecho de presunción de inocencia supone que, de entrada, no puedo ser declarado culpable. Y si no puede ser considerado cierto, de entrada, lo que se me imputa, ¿tendría que ser considerado falso? Entiendo que sí. Si algo no es, de entrada, cierto, es, de entrada, falso.

Supongo que no es tan sencillo, que esta cuestión, como la mayoría, no podemos reducirla a una dicotomía. Como mínimo, tendríamos que incluir una tercerá opción: la sospecha. Puedo no ser culpable de algo, pero habría situaciones en las que  esa falta de culpabilidad no me convertirá en inocente sino en sospechoso.

El derecho a la presunción de inocencia está recogido en el artículo 24 de nuestra Constitución. Básicamente, de lo que se hace eco la Constitución es que todos los españoles tenemos derecho a la presunción de inocencia.

A partir de ahí, podríamos suponer que no hay mucho más que decir, pero ¿cómo se reconoce ese derecho? En realidad no se reconoce. O aún peor: no se puede reconocer.

Os propongo un sencillo ejercicio. Si hacemos en google la búsqueda: «Vox es un partido fascista», el buscador nos devuelve 2.370.000 resultados en 28 segundos; si hacemos la búsqueda: «Podemos es un partido comunista», el resultado es 13.400.000 en 41 segundos.

La única conclusión que deberíamos sacar del ejercicio es que 2.370.000 personas han relacionado Vox y fascismo, y 13.400.000 a Podemos con el comunismo. Es decir: hay 2.370.000 artículos en los que se acusa a Vox de ser un partido fascista y 13.400.000 que sostienen que Podemos es un partido comunista.

¿Por qué hago esa distinción, por que digo «acusan a Vox» y «sostienen que Podemos»?

La razón es sencilla y fácil de entender. Tiene mucho que ver con la cuestión de la presunción de inocencia, tal y como la he presentado: Vox nunca a declarado ser un partido fascista y niega, además, esa acusación. Es decir: Vox sería, de entrada, inocente del supuesto delito de ser un partido fascista. Partiendo de que no lo es, quienes hacen esa acusación tendrían que demostrar que así es.

Por el contrario -sin entrar en el florido debate de si se trata de un partido comunista desde el punto de vista ortodoxo-, Podemos nunca ha negado que sea un partido comunista, no se desmarca expresamente del comunismo, termina sus mítines públicos puño en alto cantando la internacional,…

Si tuviéramos que demostrar que lo es, a pesar de que negara tal imputación, podríamos, incluso aportar pruebas.

Los más desatacados líderes del partido morado se han declarado públicamente -en programas de televisión y en otros medios- comunistas. No nos será difícil encontrar el «¡yo soy comunista!» de Pablo Iglesias; Alberto Garzón -el líder de la coalición Izquierda Unida (IU) que junto al partido Podemos constituye la marca electoral Unidas Podemos, presentó no hace mucho un libro con un título esclarecedor: «Por qué soy comunista»; dentro de la coalición electoral que es, a su vez, IU, el partido más importante, conservando a día de hoy su organización interna, su marca y su estructura independiente- es el Partido Comunista de España (PCE).

Así que, llegado el caso, si fuera necesario probar que Podemos es un comunista, quien lo planteara aportaría esas pruebas.

Para probar que Vox es un partido fascista también habría que aportar esas pruebas. En las democracias occidentales, la ley no considera una prueba que haya mucho o poca gente que lo sostenga. Habría que aportar alguna prueba objetiva.

Mi conclusión, por tanto, es que tenemos que dar a Vox la presunción de inocencia en la acusación de ser un partido fascista.

Lo de que Unidas Podemos sea una coalición de orientación comunista, lo podríamos discutir, pero en un país en el que estuvieran prohibidos los partidos comunistas -en europa hay varios-, hay pruebas suficientemente objetivas para que fueran declarados culpables.

Categorías: NOTAS MANIQUEAS

0 comentarios

Deja una respuesta

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *