Juan Ignacio Gutiérrez
Constitución de 1812.

Hace años, en el pueblo, tuvimos un equipo de futbito que se llamaba así: “Más se perdió en Cuba”. El espíritu de aquella denominación estaba alineado con el célebre “man que pierda” que simboliza al Betis. Era una declaración de intenciones: lucharíamos por ganar los partidos, conscientes de que, probablemente, los perderíamos.

Con el tiempo, el nombre evolucionó hasta convertirse en el MSP Cuba. Aunque no sabría deciros qué fue lo que ocurrió primero, el caso es que comenzamos a ganar partidos, hasta el punto de convertirnos en uno de los equipos más temibles de la competición.

Como suele ocurrir, nuestros rivales no se referían a nosotros, ni con el original “Más se perdió en Cuba”, ni con el más futbolístico “MSP Cuba” -elegido a imagen del «PSV Eindhoven», célebre entonces- sino como “el Cuba”, sin más.

La expresión original, nace en el desastre del 98. La pérdida de los restos del naufragio del imperio español -Cuba, Puerto Rico, Filipinas y otras islas- resultó ser un alivio. Para el gobierno -que no podía mantener aquella sangría ni soportar la presión que suponían las pretensiones territoriales del incipiente imperio estadounidense- y, sobre todo, para los soldados supervivientes que volvían a lo que quedó de España. Hay una versión del dicho que es: “Más se perdió en Cuba y volvieron silbando”.

Mi tío Ignacio estuvo en la guerra de África y mi padre era de Melilla. Su padre -mi abuelo Juan- había emigrado allí desde su Almería natal para tratar de hacer fortuna en el protectorado, que dejó de ser territorio controlado por los españoles en 1956.

Provincias españolas fueron Fernando Poo y Río Muni – hoy Guinea Ecuatorial-, hasta 1968 y el Sahara Español hasta 1975.

El caso es que, supuestas situaciones coloniales aparte, nuestros padres, abuelos y muchos de nosotros mismos -yo, sin ir más lejos-, nacimos en un país que no tiene hoy los mismos límites, el mismo territorio.

He conocido gente que hizo la mili en el Sahara, he visto en televisión Diputados Saharauis de las Cortes Franquistas, españoles que nacieron en Tetuán o en Malabo. Ninguno de esos territorios forman hoy parte de España.

Viene todo esto a la situación anómala que ha generado -y viene suponiendo desde hace décadas- la debilidad de los sucesivos gobiernos de España, llegando el actual a decidir apoyarse en partidos vascos y catalanes abierta y expresamente secesionistas, en un acto suicida comparable al envío de la flota del Almirante Cervera a Cuba.

El artículo 10 de la tan manoseada Constitución de 1812 es el primero del capítulo 1º: “Del territorio de las Españas”.

En él se detalla que el territorio español comprendía, en la península: Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia.

Las Islas Baleares y las Canarias con las demás posesiones de África.

En América del norte: Nueva España “con la Nueva Galicia, y Península de Yucatán, Guatemala, Provincias internas de Oriente, Provincias internas de Occidente, Isla de Cuba con las dos Floridas, la parte Española de la Isla de Santo Domingo, y la Isla de Puerto RIco con las demás adyacentes a estas y al continente en uno y otro mar”.

En América del sur: Nueva Granada (las actuales Colombia, Ecuador y Panamá, más o menos), Venezuela, Perú, Chile y Provincias del Río de la Plata (las actuales repúblicas de Bolivia, Argentina, Uruguay y Paraguay).

En Asia: las Islas Filipinas y otras como las Carolinas, Palaos, Marianas,…

De esto hace poco más de doscientos años, y es bueno recordar que, mientras las Cortes de Cádiz redactan la Constitución, se están gestando los primeros movimientos independentistas en la América Española.

¿Qué ocurriría si mi hijo hubiera nacido en un país que limita al norte con Francia y Andorra en los Pirineos y creciera en uno que limitara al norte con el País Vasco, Francia, Andorra y Cataluña?

Que partidos como ERC o Bildu lleguen a gobernar Comunidades Autónomas como Cataluña y el País Vasco es una situación prevista en nuestro ordenamiento y, hasta cierto punto, comprensible. Que esos partidos, cuyo objetivo declarado es que España deje de existir como país -al menos como el país que conocemos- y que no reconocen la existencia de la nación española es, le demos las vueltas que le demos, absolutamente aberrante. Suicida.

Que me perdonen los españoles que viven en esas comunidades autónomas, pero lo mismo no perdemos tanto como pensamos si terminan declarándose territorios independientes -cosa que en algún momento ocurrirá, no nos engañemos-. 

Y, llegado el caso, ya veríamos qué camino deciden tomar después Galicia, Navarra y los denominados por el independentismo catalán “países catalanes” (Comunidad Valenciana y Baleares). Pero, en cualquier caso, ocurra lo que ocurra, sigo pensando que más se perdió en Cuba.

En cuanto a cuestiones como el PIB, el PIB per cápita, la capacidad industrial, el peso de nuestra futura economía en el euro, podemos encontrar opiniones, como en todo, para todos los gustos. También iríamos viendo que ocurría, pero, volviendo al tópico de este artículo, la caída del PIB español tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas es imparangonabla con nada de lo que pudiera ocurrir en la península.

Hace unos años oí decir a Pascual Maragall que su país se llamaría Cataluña y que no sabía cómo se llamaría lo que quedara de España después de la independencia.

Evidentemente, salvo que decidiéramos entre todos los españoles lo contrario, nuestro país continuaría llamándose España. Sería un país con un territorio muy similar al actual (hoy tiene 505.935 Km. cuadrados y pasaría a tener 466.583), con 7 provincias menos y una población de 37.538.563 habitantes, frente a los 47.329.981 de hoy.

Esa pérdida de población supondría que, en la UE, Polonia, que actualmente tiene 37.958.138 habitantes, pasaría a ser un país con más población que España, pero nada más, y dudo que ese sea un dato a tener en cuenta.

En cualquier caso, podría haber reajustes poblacionales tras las independencias, ya que lo razonable sería que los ciudadanos de esos territorios pudieran elegir mantener la nacionalidad española y trasladarse a otras provincias. O al contrario, podría haber catalanes y vascos que hoy viven en otras provincias que decidieran volver y renunciar a la nacionalidad española eligiendo la catalana o la vasca.

Lo que no tiene sentido, se mire por donde se mire, es que el gobierno de este gran y antiguo país dependa de menos de 300.000 votos de vascos y navarros (277.621, para ser exactos) que defienden o han defendido el terrorismo (cuando no han participado directa o indirectamente en acciones terroristas) y llaman a España -mi país- estado fascista, totalitario y opresor.

Ya digo: comprendo a los ciudadanos de esas comunidades autónomas que se sienten españoles y han tenido que terminar sintiéndose extranjeros en su tierra, pero yo, de perder Cataluña y las Provincias Vascongadas, volvería silbando. Sin ninguna duda, más se perdió en Cuba. Mucho más.


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