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políticas

“Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”.

 Marco Tulio Cicerón.

 

La verdad es que es una buena pregunta que requiere una reflexión que en mi opinión va más allá de la propia bondad de unos u otros juegos para el desarrollo de los pequeños. Aquí entran en juego cuestiones entroncadas con prejuicios, valores, deseabilidad social,…

Supongo que es una cuestión que se ha suscitado en todas las generaciones. Tenemos la inercia de pensar que lo que más puede ayudar a nuestro hijo a crecer fuerte y sano es que juegue de la misma forma que lo hicimos nosotros. Seguro que hemos recibido alguna colección de fotos ensalzando los juegos y juguetes de los 60, los 70, los 80 o los 90. Mucho me temo, que la lógica indica que, en el formato que corresponda a la próxima década, recordaremos cuando los niños jugaban con la play-station.

Estudios, como siempre, o como casi siempre, vamos a tener para todos los gustos, ya que como sabemos, y sin que esa circunstancia les reste legitimidad, son encargados por clientes, o propiciados y subvencinados por organizaciones, que quieren demostrar algo en concreto. Si las conclusiones son las esperadas el estudio se publica a bombo y platillo, si no, lo más normal es que quede escondido en un cajón o en las páginas interiores de alguna revista científica muy especializada.

La clave estaría en entender que lo natural es que los niños jueguen con utensilios producidos por el estado tecnológico del momento histórico en que se desarrollen. Es evidente que nuestros padres o nuestros abuelos no podrían haber jugado con un iPad por la sencilla razón de que este artilugio no existía. Sus “juguetes tecnológicos” eran su aro, su carro de cojinetes o su balón de fútbol.

Propiciar el desarrollo equilibrado de los pequeños con la utilización de los medios técnicos, humanos y materiales a nuestro alcance sería lo deseable. Aunque eso suponga que papa tenga que prestar su “juguete tecnológico” a los pequeños en algunos momentos.

Post Author: Juan Ignacio Gutiérrez

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